Saltar al contenido

En la punta de la lengua

08/12/2011

Agosto ha dado mucho de sí, aprovechando varios hitos personales y superada alguna crisis regresé a lo que verdaderamente me compete: mi vida como miaminauta. Justo este mes se celebró el Miami Spice, una suerte de festival culinario que se extiende por toda la ciudad. Se trata de una oportunidad magnífica para visitar grandes altares gastronómicos, probar de aquí y de allá. La primera cita tuvo lugar en fastuoso Hotel Epic, concretamente en  Zuma, para muchos uno de los grandes japonés de la urbe. Aproveché su oferta de mediodía, menú de tres platos por $22,00 (bebida aparte), para saborear algunos de los manjares de los que tanto me habían hablado. Fue una experiencia interesante,  aunque confieso que quedé a la espera de más. Sin duda la estrella fue la lubina marinada en miso y los frutos del bosque en whisky con helado de te verde.

Pocos días después visité Lou Lou, un bistro francés en Brickel.  Con una apuesta sencilla y nada pretenciosa en Lou Lou asombran al paladar. Los escargot al horno en cazuela de barro y el brie con trufas e higos fueron las grandes sorpresas de la noche.  Sumergida en el  ritmo gastronómico del Miami Spice conocí otros sitios memorables. Uno de ellos el Oyster Bar, también en Brickel, que además de ser un restaurante especializado  en mariscos, como evidencia su nombre, es una coctelería de estilo clásico. Para  mi felicidad en el Oyster Bar sirven los martinis como Dios manda.   Mientras disfrutaba de la delicia etílica recordaba al Boadas, uno de mis bares favoritos en plena Rambla barcelonesa…que días aquellos. Resulta increíble la memoria del cielo de la boca que sabe reconocer, sin lugar a dudas, un buen martini que no otro que aquel que la medida perfecta son dos. Siguiendo la ruta del martini en Miami visité Sustain , esta vez en Midtown, un restaurante que hace honor a su nombre nutriendo sus fogones y espacio con un concepto ¨sostenible¨.  Más que la calidad del martini la gracia está en la estética del lugar y en  la atmósfera que se presta para la buena conversación. A pasar de lo interesante de su carta me limité a probar sus cócteles acompañados de unos deliciosos garbanzos fritos en aceite  de hierbas aromáticas. Sustain es una buena opción para vivir una experiencia ¨slow¨, corriente a la que se apunta el local, una tarde cualquiera.

Confieso que en los últimos tiempos le he tomado el gusto al Midtown miamense. Aprovechando una visita me acerqué, por recomendación, al Cheese Course un establecimiento coqueto con una amplia variedad de quesos y vinos. Descubrir  al Cheese Course me vino como anillo al dedo, hacía meses que buscaba un lugar donde bajar el mono de queso. La variedad es interesante, es posible degustar los quesos por región así como confeccionar tu propia bandeja que bien caza con las olivas y pan de la casa. En cuanto a su bodega resulta atractiva y con una buena relación de calidad y precio.

Uno de los grandes momentos de la temporada estival fue la noche en que celebré mi cumpleaños, mis siete meses en la ciudad y, porque no,  mi particular ferragosto.Para la ocasión escogí Jamón, jamón, jamón, una tasca al más puro estilo español. Su dueño, Felipe, resultó ser el anfitrión perfecto para una noche tan esperada. Nos entregamos a sus sugerencia, nos sirvió lo que le vino en ganas y coincidimos en todo, menos en el fútbol. Jamón, jamón, jamón es de esos lugares en los que echas raíces y lo conviertes en un lugar de reunión de amigos, en tu bar de confianza.

Agosto a sido intenso, en el periplo culinario también fui a parar en más de una ocasión al Wine Depot, uno de mis lugares favoritos situado en pleno corazón de South Beach. Lo fascinante del local es que no falla, sea quien sea el acompañante la velada siempre promete. De aquí cabe destacar su confit de pato, las rillettes, tanto de cerdo como de pato,  la ensalada ibérica y las zetas con chorizo, y por supuesto su amplia gama de caldos.

En fin, que termino el mes con alguno que otro kilo de más, habiendo superado varias resacas y con la cuenta bancaria en números rojos, pero feliz de ser una miaminauta.

Publicado en: Suburbano 

Más que amor frenesí…

08/12/2011

Hacía poco más de un mes que había llegado a Miami tras una larga temporada en Barcelona. El romance nació inesperadamente una tarde de febrero en el Hotel W de South Beach. Aún sabiendo que la velada prometía, estaba lejos de saber que la experiencia sería sublime, extraordinaria. Se trataba de un seminario de maridaje de sushi y vino conducido por el afamado chef inglés Thomas Buckley y el conocido sommelier Josh Wesson. El primero actualmente funge como encargado de los fogones de Nobu Miami, mientras que el segundo se gana la vida casando a la perfección bebidas y platos.

Aquello fue un encuentro maravilloso. Cinco platos, cinco vinos. Una experiencia sorpresiva, cercana al amor. Envuelta en esa aura de euforia y éxtasis decidí conocer de primera mano lo que muchos llaman uno de los templos del mejor sushi del mundo, al menos uno de los más innovadores y transgresores. La próxima parada obligatoria para reafirmar el recién nacido romance sería visitar la casa de Buckley en el número 1901 de la avenida Collins en Miami Beach.

A pasar de la fama que le precede visitar el comedor de Nobu Miami supone un viaje sensorial por varios continentes. Su propietario Nobu Matsuhisa ha sido durante décadas  uno de los líderes de la llamada cocina fusión japonesa. Su cocina marcada por una clara influencia peruana ofrece al paladar una explosión de sabores que permanece durante días intacta.

Sin grandes pretensiones el  Nobu Miami  y la puesta en escena del restaurante no anticipan lo que está a punto de suceder. El ambiente es ruidoso y un tanto oscuro, en su espacio decenas de camareros parecen danzar entre platos y comensales, aún así hay espacio para el amor.

La academia define  el amor como ¨el esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella¨. Lo nuestro  fue un flechazo. Entre los platos más memorables de la noche destacaron el bacalao negro cocido a fuego lento en miso seco, el sashimi de scallops vivas o los tacos de sashimi de atún. Al margen de los tres ganadores,  la mesa se llenó de una gran variedad de delicias regadas con vinos blancos e incluso tintos. Recuerdo que el sabor a lima y miso regresaba una y otra vez provocando la misma sensación de nuestro primer encuentro.

A punto de echar el  cierre y embriagada de sensaciones y placer me atreví a endulzar la noche  con un pastel de chocolate con helado de café y espuma de lúcuma. Una manera  grandiosa para terminar una jornada que marcaba una nueva era, finalmente comenzaba a navegar en la nueva ciudad que me habita: Miami.

 Publicado en: Suburbano

Postcard: Jamaa el Fna (2009)

28/04/2011

La panxa del Bisbe

21/04/2011

La panxa del Bisbe

where  c/ Rabassa, 37, 93 213 70 49

when  From Tue. to Sat. from 1.30pm to 3.30pm & from 8.30pm to 12 midnight

how much  From €15 to €20 per person (aprox.)

The swank little Vila de Gràcia is one of the city’s most Bohemian and groovy districts, and its centre is packed with authentic culinary delights from Japan, Thailand, Palestine, Turkey and Egypt, as well as places dedicated to serving up the wonders of Catalan cuisine. A great secret is La Panxa del Bisbe. After his success at Barcelona restaurant Santa María, Xavi Codina has set up his own kitchen, specialising in miniature cookery, perfect for pockets and discerning palates. My favourites of the season are battered rabbit ribs, mussels with chips, and for dessert, Coca-Cola mousse. The water and olives are on the house. And for afterwards, the bar next door, Gata Mala, does the best G&Ts in the neighbourhood, at 5€, personalised with pepper and a slice of cucumber. Cheers!

(Publish @ LeCool)

Can Nabo

21/04/2011

Can Nabo

Dónde  c/ Nou de Sant Francesc, 25 (Barcelona)

Cuándo  De lun. a dom. de 12h a 0h

Cuánto  De 2,5€ a 7€

Resulta prácticamente imposible comer en el centro de Barcelona por menos de diez euros, pero de vez en cuando ocurre que hay lugares que optan por conceptos diferentes y precios accesibles. Es el caso de Can Nabo, un secreto a voces en el barrio Gótico. De ambiente informal y jovial es concurrido por estudiantes y trabajadores del área. El restaurante ofrece platos únicos desde 2,50€ y jarras de agua por 0,80€. A esta maravilla se le suma la posibilidad de elegir entre dos menús de excelente relación calidad/precio. Por 4€ eliges dos platos que suelen ser pasta, rissoto o ensalada, mientras que por seis le suelen sumar algún pequeño lujo, como por ejemplo ravioles rellenos de rúcula y tomates, más el postre. La bebida va aparte y el pan incluido. Una de sus grandes bazas es la simpatía y diligencia de sus camareros. ¡Un gran hallazgo!

(Publicado @ LeCool)

El camarote de Tomás

19/04/2011

El camarote de Tomás

Dónde  C/ Lleida, 3 (Barcelona)

Horario   De martes a sábado de  13 a 16 h. y de 21 a 23 h. (Cerrado: domingos noche y lunes todo el día)

Precio 40 a 60€ comensal

¨El capitán siempre tiene la razón¨. De esta guisa te reciben en El camarote de Tomás, un espacio austero y sin pretensiones con auténtica comida de mercado. Hace poco más de una década el comandante y su mujer decidieron llevar a puerto seguro su propia nave. Su concepto es sencillo: mariscos de primera calidad y óptima atención. Su mejor carta de presentación es la barra donde se exhiben maravillosas gambas, enormes navajas, deliciosos berberechos, hermosos besugos y otras delicias del mar. Tomás atiende personalmente a cada uno de los afortunados comensales mientras Montse se esmera para que los frutos tengan el punto de cocción perfecto. El menú es su dueño, vale la pena dejarse aconsejar por él. La mejor opción, sin duda,  es la bandeja de variados, así no perderás detalle y podrás degustar cada una de las extraordinarias piezas que presiden el camarote. Ahora, si hay que decantarse por algo en especial yo me quedo con las cigalas, y para acompañarlo un vino blanco de la casa.

(Publicado @ LeCool)

Festival l´hora del jazz a Gràcia

02/09/2010

Este domingo, 5 de septiembre, comienza una vez más el Festival l´hora de jazz a Gràcia en la Plaça de la Vila. Como cada año en plan es el mismo: primer concierto a las 12h y el segundo a las 13h. Indispensable llevar pareo, periódico y cervecita.

Entre copas a lo francés

26/08/2010

Ya está más que dicho…constantemente nos repetimos…yo, al menos, lo hago. Viajar no es otra cosa que perder lo que no vale en el camino aunque sea de manera provisional. Apartar, buscar, jugar y pretender, entre otras cosas, definen el tipo de viaje. A veces viajamos para huir, otras para enamorarnos, desenamorarnos, olvidar, recordar, construir nuevas memorias o simplemente vamos de flâneur. Felizmente esto último se lleva a cuestas, cada vez acertamos más con los bares y restaurantes a pesar de estar en lugares atestado de otros como nosotros, esa clase que ya es de segunda: los turistas.

Las estaciones han sido interminables. El verano ha develado lugares de la cuidad que me habita, Barcelona, que me eran desconocidos, aunque también me ha enseñado a salir de ella. Los caminos estivales me llevaron a Francia, mil quinientos kilómetros de carreteras hermosas, vinos exquisitos, platos sorprendentes y posadas, como siempre, de primera y de quinta. La primera noche la pasamos en esta última. Típico hotel de carretera en un pueblo desierto que por méritos propios decidió ser memorable. Veinticuatro horas y  cuatrocientos kilómetros más tarde descubrí que allí olvidé mi móvil. Todos los prejuicios me atacaron. Temblorosa llamé a la compañía de telefonía segura de una cuenta astronómica. Falsa alarma. Ahora tocaba recordar el pueblo y la pensión. Misión cumplida: Villefranche-de-Lauragais y el Hotel de France.

El hotel era un antro, además de  tener por cama una herramienta de trabajo anhelada por cualquier faquir,  pero la decadencia también inspira. En aquella habitación surgieron grandes ideas. Era, sin duda, el presagio de un gran viaje.

A la pérdida y al reencuentro siguió  Saint Emilion, un pueblo hermoso detenido en el tiempo en la periferia de Burdeos. Tierra de vinos con carácter, y también un rincón imposible para conectar con el mundo. La primera tarde la pasamos resguardadas del calor terrorífico en Chai Pascal, el único espacio en la villa con conexión a Internet. Tomamos vino blanco, comimos pâté, rillettes, quesos, olivas y otras delicias tradicionales de la región. Colmamos el día con una visita a una de las bodegas más antiguas del área.

Siendo imposible encontrar una habitación en el centro de la cuidad decidimos tirar al campo dejándonos llevar por el instinto del bon vivant que vive en los viajeros. Fue así como dimos con el Château du Roques, un castillo del siglo XVI enclavado en medio de decenas de hectáreas de viñas. Nos tocó la buhardilla. Desde sus ventanas divisamos el paraíso. Días largos de felicidad y  de visitas a productores de vino. Entre copas, pero esta vez en el Viejo Continente.

En nuestro periplo por los viñedos conocimos dos cavas singulares: Château  Anniche y el Château Corbin. En el primero nos atendió el heredero, Pascal Pion,  un joven entusiasta criado entre cepas que nos guió amablemente por su taller de trabajo y posteriormente nos ofreció una cata muy completa de sus vinos más emblemáticos. En Corbin nos atrapó François, simpático y borracho, nos entrevistó, repasó, habló de su parentela e intentó sacar conclusiones de las nuestras. Pertenece a la sexta generación que trabaja la tierra y garantiza que la tradición seguirá en familia. Sus caldos, ambos tintos, han sido francamente excepcionales.

Finalmente tocó el retorno. Todos los caminos conducían a Barcelona, pero antes pasaríamos una noche en Carcassone. Casco antiguo de lujo, perfectamente conservado, buena mesa y todo lo necesario para una travesía inolvidable. Estábamos de fortuna, coincidimos con las fiestas de la ciudad y además de encontrar, milagrosamente,  una habitación disponible en el  Hotel Espace en la falda del castillo.

Fin de fiesta a lo grande. Atardecer en la terraza de Le Bar à Vin y  como colofón  una magnífica cena en  Auberge de Dame Carcas. Las mejores opciones calidad-precio dentro de las murallas.

Ahora de vuelta a la ciudad de siempre, tras un par de infracciones, un accidente, una mudanza y mucha suerte hemos llegado al fin del trayecto.

Bonus: of Montreal (música para viajar)


En Gràcia

10/08/2010

–Viajando en la cuidad. De ruta por los barrios barceloneses–

Desconocido por la mayoría de los visitantes (terroristas en los corrillos locales) que año tras año abarrotan Barcelona la Vila de Gràcia es uno de sus barrios más emblemático, divertido y bohemio. Cientos de visitantes cruzan sus calles en peregrinación al Park Güell,  templo de culto del gran Antoni Gaudì, pasando por alto lo mucho que tiene que ofrecer.

Con una variada oferta turística y gastronómica en el corazón del distrito se pueden degustar platos propios de países como Japón, Tailandia, Portugal, Palestina, Líbano, Turquía, Egipto o Argentina entre otros, además de espacios culinarios dedicados a desvelar las maravillas de la cocina ibérica, pero sobretodo de la fascinante mesa catalana.

En los últimos años Cataluña ha acumulado una cantidad ingente de las famosas estrellas Michelin. Su buque insignia es, sin duda, Ferrán Adrià que ha inspirado a toda una generación de jóvenes cocineros dando un paso más allá al reinventar la tradición en sus fogones.

Tras su paso por el conocido restaurante barcelonés Santa María en el 2007 Xavi Codina apostó por su propio restaurante La Pantxa del Bisbe (Rabassa, 37). Cocina ¨miniatura¨de autor ajustada a la mayoría de los bolsillos y paladares.  La carta cambia según los productos de temporada, aunque algunos clásicos resisten a los embates climáticos. Unos de los actuales éxitos son las costillas de conejo rebozadas sobre una cama agridulce y los mejillones marinados con papatas chips. Un local coqueto donde la calidad y el servicio son sus señas de identidad. El agua y  las olivas van por la casa.

Imprescidible reservar y dejar aconsejarse por Elena.

Y después…

Justo en el local del costado (en la misma dirección), Gata Mala, sirven uno de los mejores gin-tonic del vecindario por cinco euros acompañado de una tapa, también cortesía de las chicas. Aquí nos regalamos.

Oda a Firenze

14/07/2010

Empezaba así: Aquí he pasado varias comidas, cenas…he compartido en mesa  con desconocidos. A veces pagué, otras no lo sé. Me enamoré perdidamente de aquel maravilloso pecorino de Pienza que aún permanece en mi paladar y del chianti que pintaba mis labios…Luego olvidé cómo terminaba la nota, perdí los papeles.

Después tuve otras sensaciones. Recuerdo la última noche, que siempre serán las mejores,  mirando al Ponte Vecchio y recibiendo lecciones de conquistas. Según mi querido amigo L en Florencia todos le conocen por sus aptitudes de cama. Intenté sacarle algo mientras compartíamos una cerveza  y algunas caladas de cigarro.

Las ciudades están hechas de afectos. Nada como visitar a tus querencias para amar el viaje.  Florencia, la ciudad hermosa que encandila, es mucho más que el Duomo, que el Palacio Pitti, que la magnífica Galería Uffizi, que Miguel Ángel, el David o la Venus de Boticcelli. Es otra cosa. Allá los servicios se comparten y la gente entra de dos en dos, la ducha se toma con la ventana abierta, la sobremesa es eterna, son endogámicos y desacomplejados, se follan unos a otros sin el mayor reparo, el vino sale directamente del grifo, te invita a lo que sea, ponen pétalos de rosas en tu caña, las terrazas miran al infinito, la belleza ciega, las risas no tienen fin, el agua es fría y la cerveza caliente.

En la Toscana abandoné mis fobias, recobré la felicidad y algún kilo, comí zanahorias y tomates sin parar. Asumí, como dice L, que para continuar el viaje basta con ser guapa, simpática y en ocasiones inteligente.

 

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.